Actividad física y Párkinson

Como fisioterapeuta de la Asociación, y dado que hoy hemos dado el pistoletazo de salida de nuestras jornadas del Día Mundial del Parkinson con una mesa informativa en la “Fira del Sport” de Gandía. Hoy voy a hablaros de la importancia de la actividad física en EP (Enfermedad de Párkinson).

El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico, que conduce con el tiempo a una incapacidad progresiva debido a la destrucción de las neuronas pigmentadas de la sustancia negra.

Este proceso neurodegenerativo provoca problemas físicos como temblores, rigidez muscular, lentitud en los movimientos voluntarios e involuntarios, y principalmente una dificultad en empezar y/o terminar este tipo de movimientos. Debido a todos estos síntomas, la dificultad en la marcha, el equilibrio y sobretodo la posibilidad de caídas aumentan exponencialmente.

Todos nos hacemos una idea de lo que una caída de por sí ya conlleva: hematomas, heridas, dolor muscular e incluso posibles fracturas con sus periodos inmovilizantes… Si le sumamos a ello, la edad, las alteraciones no sólo físicas, sino también psicológicas propias de un enfermo de Parkinson, podremos hacernos cargo de lo importante que es poder reducir el riesgo a padecerlas lo máximo posible.

Es ahí donde cobra verdadera importancia la actividad física como herramienta terapéutica. Desde la fisioterapia trabajamos en nuestra asociación, en modo rehabilitatorio y de ocio, programas de actividad física que abordan como finalidad los siguientes aspectos:

  • Movilidad de todas las articulaciones del cuerpo: para conservar un rango de movilidad adecuado y funcional.
  • Ejercicios de equilibrio, propiocepción y coordinación: para asegurar mayor estabilidad y asentar movimientos que ayuden a abordar obstáculos durante la marcha (escalones, cambios de suelo, etc).
  • Mejorar la postura y la respiración: ya que el enfermo de Parkinson tiende a la flexión de todas sus articulaciones, disminuyéndose con el tiempo su capacidad respiratoria, y su tendencia a inclinarse hacia el suelo variando así su centro de gravedad.
  • Ejercicios dirigidos a mejorar y reeducar la marcha: esto nos dará unas herramientas no sólo físicas para no caer, sino psicológicas aumentando su grado de confianza en si mismo para desplazarse y ser lo más autónomo posible en su día a día.
  • Ejercicios específicos que involucren acciones del día al día de forma que los mantengamos los más autónomos posibles. En este apartado trabajamos la motricidad fina (abrocharse camisas, atarse o colocarse zapatos, manejar cubiertos pese al temblor…), a parte de juegos que resulten de utilidad diaria (sentarse y levantarse de sillas, vencer obstáculos como el cruce de puertas, subir escaleras, llevar cosas en las manos…). Acciones que, en definitiva, a un EP le paralizan y le ponen en riesgo de caídas y sus consecuencias.

Las caídas son un problema común para las personas con Parkinson. Hay varios estudios que demuestran que tras realizar actividad física de baja-moderada intensidad, con periocidad de 3-4 días en semana, entre 40-60 minutos… el riesgo a padecer caídas se vio disminuido entorno al 65% en EP de afectación moderada. En los casos de Parkinson severo, esta disminución de riesgo a caídas no se observaba de forma tan significativa debido a lo que la enfermedad de por si ya conlleva en el control motor del enfermo.

Por todo ello, os invito a moveros. A dar paseos, a hacer terapia acuática, o cómo no… a probar nuestros talleres tanto de movilidad como de fisioterapia en los que abordamos todo lo anteriormente expuesto.

Un saludo, y espero que al menos, esta información os haya sido de utilidad. No vemos.

Fisioterapeuta:

Rosana Pedro

Publicado en Artículos, Equipo de la APGS.